La Dra. Marta Vilavella, dermatóloga del GEDET (Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica), indica que “la gran novedad de 2026, más que un nuevo inyectable, es que estamos entendiendo mucho mejor cómo, dónde y por qué infiltramos. En ácido hialurónico, por ejemplo, sabemos cada vez más sobre su persistencia a largo plazo y estamos incorporando la ecografía para aumentar la precisión y la seguridad de los tratamientos. En cuanto a neuromoduladores, aparecen nuevas formulaciones y empezamos a cuantificar objetivamente cómo la distribución y el número de puntos de inyección pueden modificar el resultado y su duración. Otro gran cambio es el auge de los tratamientos dirigidos a mejorar la calidad de la piel, más que a aportar volumen: bioestimuladores de colágeno, polinucleótidos/PDRN y vesículas extracelulares o exosomas”.
Lo más demandado
“Yo diría que los neuromoduladores para tratar las arrugas continúan siendo el tratamiento infiltrativo más solicitado, seguido de los tratamientos con ácido hialurónico. Pero sí percibo un cambio importante en lo que nos pide el paciente. Cada vez viene menos buscando simplemente “rellenarse” una zona concreta y más buscando verse descansado, mejorar la calidad de la piel y prevenir o tratar los signos del envejecimiento sin modificar sus rasgos”. La doctora afirma que la mayoría de pacientes siguen siendo mujeres, especialmente entre los 35 y los 55 años, aunque cada vez tratamos perfiles más diversos y también más hombres.
“También existe una demanda creciente entre pacientes más jóvenes, pero en ellos creo que debemos ser especialmente prudentes. Empezar antes no significa necesariamente hacer más tratamientos: la indicación debe individualizarse y el objetivo debe ser siempre preservar la naturalidad”.
