La violencia estética, una forma de violencia simbólica y estructural que impone estándares de belleza rígidos y excluyentes, penalizando a quienes no los cumplen y reduciendo el valor de la persona, especialmente de mujeres y adolescentes, a su apariencia física.
El concepto fue acuñado por la investigadora Ester Pineda, quien define la violencia estética como una violencia simbólica, estructural y de género que impone estándares hegemónicos de belleza —principalmente sobre las mujeres— generando discriminación, exclusión y prácticas de modificación corporal que pueden comprometer la salud física y mental.
La Ciencia de la Medicina Estética
La Dra. Antonia Bellido, médico estético y directora clínica del Máster de Medicina Estética de Córdoba del Centro Internacional de Estudios de Posgrado (CIEP), señala que “la violencia estética no está en la medicina estética basada en la evidencia científica, sino en cómo se muestra y se vende en determinados entornos digitales. Se ha frivolizado hasta el punto de parecer una práctica banal, cuando en realidad es un acto médico que requiere indicación, formación y responsabilidad. Las ofertas y bonos convierten tratamientos con criterios clínicos en productos de consumo impulsivo”.
La especialista añade que, aunque la demanda es mayoritariamente femenina, la presión estética es transversal: “también afecta a los hombres, pero con un hándicap añadido: a las exigencias estéticas se suma la idea de que reconocer esa preocupación es un signo de debilidad. La violencia estética aparece cuando alguien se desvía de la ‘normalidad’ impuesta y se convierte en objeto de exclusión. Por eso hablamos de un fenómeno social, no meramente individual”.
La doctora, docente de CIEP, insiste en que los estándares estéticos han existido siempre, pero el fácil acceso a tratamientos, la mejora de técnicas con menor tiempo de recuperación y la exposición constante en redes han adelantado la edad de inicio en muchos casos. “La clave no es demonizar la medicina estética, sino garantizar seguridad del paciente, médicos cualificados y mensajes que prioricen la salud por encima del consumo”, afirma.
Violencia estética, humillación y violencia de género
La violencia estética se manifiesta a través de comentarios humillantes sobre el cuerpo, presión para someterse a dietas, tratamientos o cirugías, exigencias laborales vinculadas a la imagen, invisibilización de cuerpos no normativos y exposición constante a modelos irreales en redes sociales.
Andrea Núñez, psicóloga coordinadora del especialista en Psicología de la Violencia de Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), subraya que “la violencia estética es una de las formas más invisibles de violencia de género, que impone un estándar único perpetuado por la sociedad, determinando qué cuerpos son aceptados y qué oportunidades se pueden alcanzar”. La especialista añade que “cumplir con este canon no es un capricho: mientras las mujeres dedicamos tiempo, dinero y energía cognitiva a alcanzar ideales inalcanzables, se reduce nuestra capacidad de incidencia en el espacio público, y la violencia estética se convierte en un mecanismo que cruza machismo, racismo, clasismo y otras formas de discriminación”.
