Factores como la ansiedad, el estrés y las emociones juegan un papel determinante en nuestros hábitos alimenticios y pueden dificultar la pérdida de peso.
Según un informe de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), el 40% de las personas aumentan su consumo de alimentos en situaciones de estrés o ansiedad. Este fenómeno, conocido como “comer emocional”, no solo afecta al peso, sino que también genera un círculo vicioso de culpa y malestar.
La Dra. Isabel Gómez García, especialista en vía MIR en Anestesiología y Medicina Integrativa de Clínica FEMM, destaca la importancia de distinguir entre el hambre físico y el hambre emocional. “El hambre físico se desarrolla gradualmente y está acompañado de señales fisiológicas como el vacío en el estómago o la secreción de jugos gástricos. En cambio, el hambre emocional aparece de manera repentina y suele estar relacionada con la necesidad de consumir alimentos reconfortantes, como dulces o snacks, lo que a menudo genera sentimientos de culpa.
Las circunstancias diarias, el ritmo de vida acelerado y el estrés laboral o personal pueden acentuar este comportamiento, dificultando el mantenimiento de hábitos saludables. Y es aquí donde la medicina integrativa puede convertirse en aliada de las personas que buscan mejorar su relación con la comida.
La acupuntura y la terapia neural son tratamientos que ayudan a regular el sistema nervioso y equilibrar las emociones. “Estas técnicas no solo actúan sobre el plano físico, sino también sobre el emocional, promoviendo la liberación de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y las endorfinas, que favorecen el bienestar”, señala el Dr. David Navas Manchado, médico anestesiólogo, integrante también de la misma unidad.
Al reducir los niveles de ansiedad y estrés, la acupuntura disminuye la necesidad de recurrir a la comida como vía de consuelo. Además, posibilita un estado de calma y bienestar, permitiendo abordar la raíz del problema.
