Según el estudio ANIBES realizado por la Fundación Española de la Nutrición, entre el 76% y el 79% de la población española tienen un aporte insuficiente de magnesio.
Explica Pilar Casanovas Aguilar, farmacéutica, que este mineral es el segundo catión intracelular más abundante en el organismo y es cofactor esencial en más de 600 reacciones enzimáticas. Es importante para el metabolismo energético en procesos fundamentales para la función celular y su estabilidad y en la señalización metabólica de la insulina y la modulación de neurotransmisores. Todo ello lo hace esencial para el sistema nervioso, la función muscular y la producción de energía.
Todos elementos básicos para la salud que llevarán a vivir el mayor tiempo posible con la mayor calidad de vida.
¿Qué provoca su carencia?
A pesar de su importancia sigue siendo uno de los elementos de mayor déficit y esto viene provocado por: estrés, alimentación occidental contemporánea (procesados, agricultura intensiva), ciertos tratamientos médicos (insulina, metformina, diuréticos, anticonceptivos orales, laxantes, terapias estrogénicas…), actividad física intensa, embarazo, menopausia, edad avanzada o ciertas patologías como los trastornos gastrointestinales, gastroenteritis, diabetes, hipertiroidismo, acidosis metabólica de bajo grado.
A ello se suma un factor determinante que genera un círculo vicioso: todo estrés, ya sea agudo o crónico, intenso o moderado, comporta pérdida de magnesio del organismo en el que el estrés reduce los niveles de magnesio y su déficit aumenta la vulnerabilidad al estrés y al cansancio.
Existen además etapas de la vida en las que las necesidades aumentan, afirma la farmacéutica y responsable de comunicación científica del laboratorio PiLeJe, como el embarazo o la menopausia, así como situaciones en las que el cuerpo da señales más evidentes, como la aparición de calambres, contracturas musculares o problemas de sueño.
Existen unas señales de alerta de una posible carencia, entre ellas están:
- Tener calambres.
- Mucho cansancio, estrés y emociones a flor de piel.
- Hormigueo en los dedos, pies y a veces en el labio.
- Que tiemble el párpado.
- Un nudo en la garganta constante y sensación de angustia.
