Lejos queda ya el Renacimiento del siglo XV, pero la corriente intelectual que impulsó sigue, afortunadamente, o así debería de ser, muy viva en la actualidad.
Los Humanistas de entonces, figuras como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Galileo Galilei, Nicolás Copérnico, Andreas Vesalio (Humanis Corpori Fábrica), Dante Alighieri, Petrarca, Maquiavelo («quien domina el miedo, domina las almas»), Erasmo de Rotterdam y una larguísima lista que no cabría aquí, no tenían ni WhatsApp ni TikTok, pero sentaron las bases del antropocentrismo, el análisis crítico, la ética y la capacidad humana para la autorrealización.
Sus seguidores se cuentan por millones, perduran y crecen exponencialmente generación tras generación. Hoy en día tendrían tantos likes que habría que diseñar un nuevo emoticono para ellos.
En la actualidad, Richard Dawkins, Steven Pinker, Sam Harris, Martha Nussbaum, Yuval Noah Harari, Rebecca Goldstein y otros muchos, progresan y actualizan conceptos humanísticos esenciales en el entorno histórico-digital que nos ha tocado vivir.
En nuestro siglo XXI, el humanismo se ha vuelto predominantemente secular, promoviendo una ética y una moral basadas en la razón, la ciencia y la compasión.
¿Y qué disciplina hay más humanista que el ejercicio médico?
Los avances en Inteligencia Artificial (IA) y biotecnología plantean nuevos retos en cuestiones éticas y morales. Los humanistas estamos comprometidos, así lo entiendo yo, con el desarrollo y la implementación de estas nuevas tecnologías de manera deontológica y responsable, asegurando que se utilicen para el beneficio de toda la humanidad y no para su detrimento. («Quien domina el miedo domina las almas» – N. Maquiavelo).
El Humanismo en Medicina y, por ende, en Medicina Estética, se refiere a una práctica médica centrada en la dignidad, el respeto y la empatía hacia los pacientes. Este enfoque considera, no sólo los aspectos físicos de la enfermedad, sino también los emocionales (envejecimiento, miedos…), psicológicos (belleza o bienestar) y sociales (redes, por ejemplo) del individuo.
Tener empatía y proactividad en medicina estética es fundamental para establecer una relación de confianza con nuestros pacientes y proporcionar un cuidado integral que considere esencial tanto los aspectos físico-estéticos como los psicoemocionales.
La relación médico-paciente, la comunicación (escucha activa e información detallada), individualidad de cada caso, atención integral y holística, la ética y la educación médica del paciente, son pilares fundamentales que promueven el humanismo actual en medicina estética.
El mundo que se nos viene encima no está exento de riesgos. Sólo con un profundo análisis y visión humanística de nuestro quehacer diario podremos conseguir que nuestra labor sea en pro de toda la humanidad y no nos quedemos en tesis catastrofistas o adoctrinamientos que sólo benefician a algunos (normalmente los mismos de siempre).
Lamentablemente, en mi opinión, en las facultades de cualquier disciplina del conocimiento se dedica más bien poco a fomentar y hacer crecer este juicio humanístico. Seguramente, la inmediatez, esa «dopamina instantánea» y las prisas absolutamente en todo son «palos en las ruedas» que dificultan la reflexión de quiénes somos y hacia dónde vamos.
Esperemos que nunca la IA nos diga qué debemos o qué no debemos hacer y que los gobiernos no instauren leyes que nos «obliguen» a seguir a rajatabla dichas directrices.
El sentido común, la empatía, el libre albedrío bien entendido, el acompañamiento y la compasión son características humanas que jamás debemos, así lo creo yo, dejar escapar y menos aún poner en manos de ninguna red neuronal con capacidad de decisión propia o manipulada.
La razón es fruto del conocimiento propio (René Descartes).
No olvidemos que: «Quién domina el miedo, domina las almas».
Miedo… ¿a qué?, ¿a morir?,…
¿Hay algo más natural y transversal que morir?
Mientras tanto, vivamos, pero sin miedo, por favor.
Un abrazo a todos.
