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Telemedicina como complemento, no sustitutivo

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No cabe duda de que la telemedicina ha sido una herramienta de gran utilidad en la pandemia, incluso, y por ser muy optimista, podría decirse que es de las cosas buenas que esta situación atroz nos ha dejado.

Pero les voy a contar algo que me ha sucedido y que me ha hecho reflexionar sobre cómo todo debe ser visto desde su contexto y su justa medida.

Hace unos días tuve problemas con la conexión a internet y tras mucho penar, maldecir e incluso aporrear el ordenador, pedí ayuda a un técnico que muy amablemente me atendió por teléfono y en cuestión de minutos solucionó el problema. Cuando ya le iba a despedir, empezó a contarme las bondades de un servicio médico que su empresa promociona. Fácil, sencillo, desde cualquier dispositivo, lugar y a cualquier hora, o sea, ideal para una hipocondríaca como es mi caso. Tan contenta estaba yo por ver solucionada la avería y para que, ya de una vez se despidiera, acepté.

Cinco segundos después me había arrepentido pero ya estaba hecho.

A los dos días lo probé. Para empezar algo fácil y como quiero quitarme ese par de kilos que arrastro desde Navidad, este podía ser un buen momento.

Cuando llegó la cita convenida, más o menos, el diálogo fue así:

– Buenos días doña Gemma Morena, le llamo por la consulta solicitada tras la evaluación de síntomas de cólico del lactante.

– ¿Cómo? No, verá aquí hay un problema, se ha debido de confundir de paciente, yo ya no tengo edad para eso.

– Ya, cómo le iba diciendo doña Gemma, cuando la criatura….

– Espere doctora no la oigo bien, me voy a ir al salón que tiene mejor cobertura y cuando subo la persiana es mejor.

– Claro que sí señora Morena, el cólico del lactante se suele producir por…

– Oiga que no, que a mí la comida me sienta muy bien. Mi apellido es Moreno y a mi nombre le sobra una eme. ¿Me oye? ¡Oiga! No la veo ¿Dónde está? ¿Qué pasa?

Otra vez que me quedé sin internet. Y ahí me tienen jurando en arameo y diciendo que la culpa es solo mía por no llamar a mi doctora que me escucha, me atiende, sabe solucionar mis problemas y con esas manos que tiene y ese par de retoquitos que me hace, cuando me miro al espejo me veo estupenda.