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Vulnerant omnes, ultima necat

Gema

¿Dónde estábamos y qué hacíamos cada uno de nosotros cuando Iniesta marcó el gol que hizo a España campeona en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica hace ya 16 años?

Aunque nos guste más o menos el fútbol, seguro que todos lo recordamos en este verano en que la Selección Española conseguía esa segunda ansiada estrella. Cuántas cosas nos han pasado y han sucedido en este periodo de tiempo, a excepción de Shakira y su baile de caderas insinuante que lo mismo animó aquel día en Johannesburgo como lo hizo en la final de Nueva Jersey.

“Todas hieren, la última mata” (vulnerant omnes, ultima necat), es la inscripción latina que antiguamente se ponía en los relojes de las iglesias, y que hace referencia al lento e inexorable paso del tiempo, porque no hay vuelta atrás. Por mucho que se discuta si es oportuno o no el uso de la palabra antienvejecimiento, el tiempo pasa y lo interesante es vivirlo en plenitud con una vida de calidad, una longevidad en la que sumemos experiencias compartidas, recuerdos tanto buenos como malos y esfuerzos que aumenten el aprendizaje de un recorrido vital que nos merezca la pena. Sé bien de lo que hablo con una madre de 98 años y una salud envidiable, que a pesar de ciertas limitaciones motoras conserva unas perfectas capacidades mentales y me recuerda día a día el objetivo de la existencia humana.

En los 16 años transcurridos entre los dos campeonatos del mundo de fútbol hemos tenido incorporaciones ansiadas y pérdidas sentidas. También hemos conocido vidas que nadie querría para sí, porque no todo vale a cualquier precio, sin un minuto de más, pero sin un segundo menos.

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