La Dra. Beatriz Beltrán, médico estético explica cuál es la diferencia entre la celulitis, la retención de líquidos que inflaman las piernas o el acúmulo de grasa:
El problema no es la falta de tratamientos, sino algo mucho más básico: el diagnóstico. Muchas pacientes creen que tienen celulitis cuando en realidad presentan grasa localizada o retención de líquidos. Y cada caso requiere un enfoque completamente distinto. Si no identificamos bien el origen, el tratamiento falla.
Celulitis
Es un problema estructural que combina grasa, retención de líquidos, alteración del colágeno y mala circulación. Además, tiene un claro componente biológico. Las mujeres tienen más tendencia a desarrollarla porque sus fibras de colágeno son más finas. En los hombres son más resistentes y forman una estructura más compacta. No todas las celulitis son iguales: puede ser edematosa, fibrosa o asociada a flacidez, lo que cambia completamente el enfoque del tratamiento.
Tratamiento: Aquí no existe un tratamiento único, porque el problema tampoco lo es. El abordaje eficaz pasa por combinar distintas técnicas que actúan a diferentes niveles.
Por un lado, se utilizan infiltraciones personalizadas (mesoterapia) que permiten introducir directamente en la zona activos con acción “quemagrasas”, drenante y reafirmante. Esto ayuda a actuar sobre varios de los factores implicados en la celulitis de forma simultánea.
A este trabajo interno se suma la aparatología médica, cuyo objetivo es mejorar la microcirculación y la calidad del tejido. Cuando hay un componente de flacidez —muy habitual— se incorporan tecnologías reafirmantes que ayudan a tensar la piel y mejorar su aspecto.
Pero uno de los puntos clave del tratamiento está en reforzar la estructura del colágeno.
Por eso, uno de los tratamientos que más utiliza es el ácido poliláctico, un estimulador de colágeno que actúa desde el interior, ayudando a reconstruir y fortalecer el tejido. Lo incorporamos dentro de un abordaje multidisciplinar porque mejora no solo el resultado, sino también su duración en el tiempo. El protocolo habitual consiste en tres sesiones, espaciadas cada dos meses, lo que permite una mejora progresiva y más estable.
Retención de líquidos
No es un exceso de grasa, sino una alteración en la circulación venosa o en el sistema linfático que provoca que el cuerpo acumule líquidos en los tejidos. Se manifiesta como hinchazón, sensación de pesadez, pérdida de definición e incluso fluctuaciones de volumen a lo largo del día. Es frecuente en piernas, pero también puede aparecer en abdomen o brazos, y suele empeorar con factores hormonales, el sedentarismo o una alimentación inadecuada. Muchas pacientes piensan que han engordado, cuando en realidad lo que tienen es retención. Y eso cambia completamente el enfoque.
Tratamiento: A diferencia de la grasa, aquí no se trata de reducir volumen destruyendo adipocitos, sino de mejorar el drenaje y restablecer el equilibrio del organismo. En consulta, el tratamiento se basa en aparatología que estimula el sistema linfático y la circulación, combinada con infiltraciones drenantes que ayudan a movilizar los líquidos retenidos.
Sin embargo, el punto clave está fuera de la cabina. Si no corregimos la base, la retención vuelve.
A nivel nutricional, recomienda reducir el consumo de sal y alimentos ultraprocesados, que favorecen la inflamación y la acumulación de líquidos; aumentar la ingesta de frutas y verduras ricas en potasio, que ayudan a equilibrar los niveles de líquidos en el organismo; mantener una correcta hidratación —fundamental para activar el drenaje— y asegurar un aporte adecuado de proteínas, clave para evitar la pérdida de tono y mejorar el metabolismo.
También es importante evitar el sedentarismo. El movimiento activa la circulación y el sistema linfático. Pasar muchas horas sentado o de pie sin moverse favorece la retención.
El resultado, cuando se aborda correctamente, es una mejora visible en la ligereza de las piernas, la reducción del volumen y una sensación general de desinflamación. Pero no es un tratamiento puntual, sino un equilibrio que hay que mantener.
Grasa localizada
Es una acumulación de adipocitos en zonas concretas del cuerpo (como abdomen, caderas, muslos o brazos) que el organismo tiende a conservar incluso cuando se pierde peso. Esto se debe a factores genéticos, hormonales y metabólicos que determinan cómo y dónde el cuerpo almacena grasa. No podemos decidir de dónde perdemos grasa. Podemos adelgazar y seguir teniendo volumen en determinadas zonas. A diferencia de la retención, aquí sí existe un aumento real de tejido adiposo, y a diferencia de la celulitis, no implica necesariamente una alteración de la estructura de la piel.
Tratamiento: En estos casos, el tratamiento se centra en actuar directamente sobre la célula grasa. Una de las técnicas más utilizadas es la criolipólisis médica, que emplea frío controlado para destruir los adipocitos de forma selectiva. Posteriormente, el propio organismo los elimina de manera progresiva, lo que permite una reducción de volumen natural y gradual.
Sin embargo, eliminar grasa no siempre es suficiente. Tras la pérdida de volumen, es frecuente que la piel pierda firmeza. Por eso, se suelen combinar estos tratamientos con tecnologías que ayudan a fortalecer la musculatura, mejorar el tono y redefinir el contorno corporal.
