Redes sociales, titulares alarmistas y una creciente desconfianza hacia los rellenos dérmicos han generado lo que muchos expertos definen como la ‘era del miedo a los fillers’. Frente a este contexto, la Dra. Beatriz Beltrán, explica que: el ácido hialurónico no es el problema; el problema ha sido, en algunos casos, cómo y para qué se ha utilizado. Cuando se emplea sin criterio médico, en exceso o con objetivos equivocados, es lógico que se genere rechazo. Pero bien indicado, en dosis adecuadas y con un enfoque global del rostro, sigue siendo una herramienta segura y eficaz.
Mitos y verdades sobre el ácido hialurónico
1.- “El ácido hialurónico deforma el rostro”. Falso.
El ácido hialurónico no deforma por sí mismo. Cuando se respeta la anatomía, se utilizan cantidades adecuadas y se elige el producto correcto, el resultado es natural y armónico. Los casos de rostros sobrecargados que han circulado en redes sociales suelen estar relacionados con excesos de volumen o con técnicas hoy consideradas obsoletas.
2.- “Todos los rellenos acaban migrando”. Falso.
La migración no es un efecto inevitable. Puede producirse en situaciones concretas, pero suele estar vinculada a una técnica incorrecta, a una cantidad excesiva o a una mala indicación del tratamiento. Es fundamental conocer la cantidad adecuada, el lugar preciso y, sobre todo, el plano anatómico correcto para evitar desplazamientos del producto. En muchos casos, la migración ocurre porque el ácido hialurónico no se coloca en el plano adecuado. Además, es esencial elegir el ácido hialurónico apropiado, ya que no todos son iguales y sus propiedades físicas —como cohesividad y elasticidad— determinan la eficacia y seguridad del resultado.
3.- “Los rellenos sirven para todo”. Falso.
No todas las preocupaciones estéticas se resuelven con ácido hialurónico. Es solo una herramienta más dentro de la estrategia de rejuvenecimiento facial. Un error frecuente es intentar tratar la flacidez rellenando en exceso, lo que conduce a rostros sobrecargados y poco naturales. Esto suele deberse a la falta de un diagnóstico global y de un plan de tratamiento con una directriz clara. En la mitad superior del rostro (frente, entrecejo o patas de gallo) los neuromoduladores suelen ofrecer mejores resultados; en la mitad inferior la radiofrecuencia médica también es muy efectiva.
4.- “Los rellenos no desaparecen del todo”. Media verdad.
El ácido hialurónico es una sustancia biocompatible y reabsorbible, pero no desaparece siempre por completo ni de forma inmediata. Con el tiempo puede dejar un residuo tisular debido a la estimulación de colágeno, a la integración del producto en los tejidos o a tratamientos repetidos. Por eso, su uso debe ser medido, planificado y adaptado a cada paciente, para mantener resultados naturales y seguros.
5.- “El ácido hialurónico provoca problemas a largo plazo”. Falso.
Como cualquier procedimiento médico, el ácido hialurónico puede presentar efectos adversos, pero por eso es fundamental ponerse en manos de médicos cualificados, capaces de prevenir, reconocer y tratar estas situaciones. El acto médico requiere diagnóstico, planificación y seguimiento.
6.- “La grasa es siempre mejor que el ácido hialurónico”. Falso.
El creciente interés por la transferencia de grasa responde, en parte, al cansancio frente a los rellenos mal utilizados. Sin embargo, una técnica no sustituye a la otra en todos los casos. Son herramientas distintas, con indicaciones distintas. No se trata de elegir una u otra, sino de saber cuándo usar cada una.
7.- “Si ya me he puesto ácido hialurónico, no puedo hacerme otros tratamientos”. Falso.
Existe el temor de que los rellenos interfieran con otros procedimientos estéticos presentes o futuros. Según Beltrán, esto solo ocurre cuando hay acumulaciones excesivas o tratamientos mal indicados. “Haber recibido ácido hialurónico no supone un riesgo en sí mismo, siempre que se sepa qué producto se ha utilizado, en qué cantidad y en qué plano. Por eso es fundamental contar con un historial o ‘pasaporte de belleza’ que recoja toda la información de los tratamientos realizados. Cuando este no existe, hoy disponemos de herramientas como la ecografía en tiempo real, que permite visualizar el ácido hialurónico presente, su localización y detectar otros rellenos.
