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Tratamiento biorevitalizador para la piel del rostro

tratamiento biorevitalizador

No sólo la noche y el día determinan la actividad celular de la piel. El cambio de estación también afecta a su biología y su aspecto, que a menudo se muestra apagado y desvitalizado, sin respuesta a los cuidados habituales, explica la Dra. Sofá Ruíz del Cueto, médico estético, que detalla su tratamiento biorevitalizador para activar la piel:

Fotoactivación celular: tratamiento con luz infrarroja de baja intensidad, que se aplica mediante pulsos múltiples. No produce molestos picos de calor, pero tiene efectos estimulantes sobre la mitocondria, que es la central energética de las células. Con capacidad para aumentar la energía (ATP) producida por estas “baterías cutáneas” hasta un 70%, la luz infrarroja puede mejorar funciones como la proliferación celular, tan necesaria para regenerar la piel cuando no parece responder a ningún estímulo. Tras su aplicación, el tejido queda en las mejores condiciones para la captación efectiva de los activos que se aplican a continuación.

Principios activos seleccionados: aplicación de un cóctel personalizado para cada piel con principios activos como el EGCG (epigalocatequina galato), un polifenol derivado de las hojas del té verde con gran capacidad antioxidante, antiinflamatoria, calmante y reguladora del sebo. A su poder para reforzar la función barrera frente al daño ambiental, se suman los beneficios de otros activos como la niacinamida o la vitamina E, que se combinan a demanda de cada piel, para reparar la función mitocondrial y mantener una matriz extracelular más saludable. Fotobiomodulación (PBM): terapia con luz LED roja, que se realiza con potencias bajas, determinadas por estudios clínicos para estimular la función mitocondrial, específicamente la enzima citocromo C oxidasa o COX. Esta energía de baja intensidad, que no genera un calor significativo, no solo aumenta la producción de energía (ATP), sino que modula especies reactivas de oxígeno (ROS), responsables de la oxidación celular y reduce la inflamación tisular.

Resultados: recupera la funcionalidad de la piel, que se pierde frente a la exposición solar, el estrés, la falta de sueño o los malos hábitos alimenticios. Repara procesos celulares dañados, aportando los elementos necesarios para su recuperación. Favorece un entorno biológico más saludable, además de frenar procesos de envejecimiento. Prepara el tejido para responder de forma más eficiente a tratamientos de regeneración cutánea, radiofrecuencia fraccionada, IPL o procedimientos inyectables.

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