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Caída capilar y salud mental

La caída continuada del cabello afecta mucho más de lo que realmente se cree y repercute directamente en la salud mental.

“Hay determinadas situaciones que pueden ser especialmente difíciles de afrontar. La incertidumbre sobre si el pelo volverá a crecer o si habrá nuevos episodios genera, lógicamente, mucha preocupación. La edad, el sexo, la rapidez con la que aparece la caída y el contexto personal pueden influir en la respuesta emocional, pero no permiten predecir por sí solos cuánto va a sufrir alguien. En pacientes jóvenes, por ejemplo, puede coincidir con una etapa especialmente relevante en la construcción de la propia imagen, y en las mujeres pueden influir determinados estereotipos sociales relacionados con el cabello y la feminidad”, expone la Dra. Raquel Amaro, médico estético de Hospital Capilar.

Identidad e imagen

El cabello forma parte de la identidad y de la imagen que construimos de nosotros mismos. A través de él expresamos nuestro estilo y, además, culturalmente, se asocia con conceptos como juventud, atractivo o, especialmente en el caso de las mujeres, feminidad.

Por eso, cuando se produce una pérdida de densidad importante o un cambio evidente en el cabello, algunas personas sienten que la imagen que ven en el espejo ya no se corresponde con la que tenían de sí mismas.

“El estrés emocional intenso puede actuar como desencadenante de un efluvio telógeno. En este proceso, una mayor proporción de folículos interrumpe antes de tiempo su fase de crecimiento y pasa a la fase de reposo, lo que provoca una caída que suele hacerse evidente unos dos o tres meses después. Ese desfase explica que a veces la persona no relacione la caída con la situación vivida semanas atrás. Así puede establecerse un círculo en el que el estrés y el malestar por la caída se retroalimentan. Pero es importante no atribuir cualquier alopecia al estrés. Por eso, además de atender al estrés, es esencial realizar un diagnóstico correcto”, advierte la experta.

Señales que indican que la preocupación por el cabello va más allá de lo estético

Tal y como explica la doctora, existen multitud de señales que indican que la pérdida de densidad capilar está condicionando la salud mental o vida cotidiana. Por ejemplo, cuando la persona deja de salir, evita fotografías o encuentros sociales, o dedica una parte importante del día a comprobar cómo está su cabello. Otro signo bastante característico es mirarse repetidamente en el espejo, comparar fotografías de forma constante o buscar una y otra vez que alguien confirme que la caída no está empeorando puede indicar que la preocupación se está volviendo difícil de manejar.

“Una persona puede consultar por una pérdida de densidad y, al profundizar un poco aparecen otros aspectos: miedo a quedarse sin pelo, inseguridad o preocupación por cómo la perciben los demás. Por eso, el abordaje médico no debe limitarse a examinar el cuero cabelludo. Es importante escuchar al paciente y preguntar cómo está afectando el problema a su día a día. A partir de ahí, debemos explicar el diagnóstico, las opciones de tratamiento, sus límites y los tiempos de evolución. Desde una visión integrativa, también considero necesario revisar los antecedentes, la alimentación, el descanso, la carga de estrés y los posibles factores hormonales o enfermedades asociadas”, concluye la doctora.