El Dr. Antonio Fustes, dermatólogo y médico estético de Clínicas Dorsia, indica que: una vez controlada la fase activa, los exosomas son una gran opción para tratar las secuelas del proceso acnéico, como las rojeces, las manchas y las cicatrices residuales. Las microvesículas que componen los exosomas se encargan de promover una mejora en la calidad y apariencia de la piel. Además, una de las grandes ventajas que suponen los exosomas es que se pueden combinar con otros procedimientos estéticos, como peelings, láseres o dermoabrasión.
Hay que resaltar que, su combinación con otras técnicas como láseres fraccionados o radiofrecuencia con agujas eleva los resultados, ya que al regenerar la piel más rápidamente, permiten la aplicación de estos tratamientos a mayores potencias, llegando a las capas más profundas de la dermis y ofreciendo una recuperación más rápida e indolora. Por lo tanto, se trata de una sinergia perfecta para tratar las secuelas del acné y dependerá del caso específico de cada paciente, teniendo en cuenta la calidad de la piel, la gravedad de la enfermedad o los objetivos deseados, por lo que la clave del tratamiento está en la personalización realizada por el profesional médico.
En el caso de la rosácea, también los exosomas son perfectos como complemento entre las sesiones de luz pulsada intensa (IPL) para tratar las fases eritematosas de la enfermedad, prolongando sus efectos y mejorando notablemente la calidad de la piel.






