Los inductores de colágeno se han convertido en el presente y en el futuro de una medicina estética que huye de las ‘huellas’ y busca resultados tan naturales como eficaces sin perder la expresión facial y sin añadir volúmenes al rostro.
Según explica el Dr. Carlos Gómez, médico estético, la técnica del microneedling consiste en abrir canales en la piel mediante microagujas para que penetren los principios activos que se quieran introducir, pero al mismo tiempo, esas micro lesiones controladas que se producen en la piel, inducen la formación de colágeno y elastina a medio plazo y promueve la regeneración celular.
La ventaja de este procedimiento, que se lleva a cabo con un dispositivo con el que se pueden realizar tratamientos ‘a la carta’ dependiendo de los principios activos que se utilicen y la profundidad a la que estos penetren.
Como añade el especialista, se trata de un tratamiento muy versátil que puede ser realizado tanto por las esteticistas de la clínica a nivel más superficial para tratar la luminosidad, la calidad de la piel o mejorar el aspecto de los poros, como por un médico especializado en el caso de tratar manchas o cicatrices, cuando hay que penetrar hasta capas más profundas de la piel.
Ventajas
– Efecto anti-aging. Al estimular la producción de colágeno, mejorar la elasticidad y la firmeza de la piel, reduciendo la apariencia de arrugas y líneas de expresión.
– Mejora de la textura. Reduce el tamaño de los poros dilatados y las cicatrices de acné además de hidratar la piel.
– Piel sin manchas. Reduce la pigmentación irregular y las manchas oscuras.
Protocolo
En primer lugar, hay que limpiar y desinfectar la piel para eliminar cualquier residuo de maquillaje, aceite o suciedad. A continuación, se puede aplicar anestesia tópica para minimizar las molestias durante el procedimiento.
Se utiliza el dispositivo de microneedling por todo el rostro o por las zonas concretas a tratar. Las agujas pueden ajustarse en longitud según las necesidades de cada tratamiento.
Sesiones: en el caso de tratamientos más superficiales se recomienda realizar 3 sesiones espaciadas cada mes y medio o dos meses. Cuando se trata de un tratamiento más profundo se recomiendan un mínimo de 6 sesiones cada tres o cuatro semanas, dependiendo de cómo se recupere la piel.






