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Des-cubrir el cuerpo y abrir la mente

Hablar con adolescentes es una tarea que nunca me resultó fácil, principalmente porque una se siente desfasada cuando ya han pasado varias décadas de esa época y porque la jerga que utilizan no viene a ser la misma que mi idioma y suele estar salpicada de manera casi constante con un vocabulario, por lo general, spanglish que me cuesta seguir y constantemente se incrementa y actualiza.

Chiribitas me hacían los ojos cuando la hija de una amiga me hablaba de la tradwife tiktoker y sus recetas de cocina saludable con sus detalles elaborados que hace, única y exclusivamente, para agradar a su novio. Mi interlocutora me contaba cómo, lo que en un principio pareció ser el negocio redondo en redes sociales de una chica, es ya un movimiento ultraconservador que devuelve a la mujer al hogar, empoderando al hombre que es quien debe perseguir un empleo remunerado.

Llegados a ese punto, le comenté los momentos de tranquilidad plena de los que he llegado a disfrutar gracias, todavía hoy no sé por qué problema informático, a la desconexión total de mis redes sociales durante cinco días. Con cara de terror me hablaba de la sensación FOMO, es decir, miedo a quedarse fuera y perderte el mayor despiporre del siglo.

Intenté hacerle ver que debía tener mucho cuidado con el manejo de las opiniones en redes y fue ella misma la que sacó el ejemplo de la waterpolista española y la gordofobia, menos mal que este vocablo lo entendí a la primera. La estupidez de algunos al juzgar el cuerpo de una mujer, que por otra parte es puro músculo, y el desconocimiento pleno de un deporte en el que además se había ganado un oro olímpico. Nuestra conversación añadió un elemento más: a la chica se la llama gorda, pero del chico del equipo masculino se dice que está cachas.

Me da mucha pena, y así se lo comenté, de que las redes sociales no se hagan mucho más eco contra el talibanismo, otra palabra que las dos conocíamos, porque además del burka ahora añaden una última prohibición para la mujer: hablar en público. Para mi más positivo asombro me enseño la difusión de varios videos sobre el canto de las afganas como denuncia a este veto.

Cuando ya estaba feliz pensando en nuestros puntos en común, la niña me dijo que era una perfecta JOMO, alguien a quien no le importa perderse las cosas en las redes sociales e ignorar su presión social. No puedo describir la cara que se me quedó.