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Reivindicar el uso del ácido hialurónico para rellenos médico-estéticos

La Dra. Carmen Galera, dermatóloga de GEDET (Grupo Española de Dermatología Estética y Terapéutica) y directora de Dermaforyou, explica que: con el auge de la medicina regenerativa, el tratamiento con ácido hialurónico ha pasado a ser contemplado con miedo, se dice que deja una huella estética negativa, que produce rostros deformes o exagerados, que no se reabsorbe… Sin embargo, esto sucede sólo si no se elige el profesional médico o producto adecuado o no se respetan los tiempos recomendados.

Huella estética

El ácido hialurónico es uno de los productos de relleno más seguros, ya que es reabsorbible y, en caso de ser necesario, puede disolverse con hialuronidasa. Sin embargo, es cierto que su mal uso puede generar efectos estéticos negativos. Uno de los principales problemas es el exceso de volumen, que puede desembocar en el efecto pillow face o cara de almohadilla, donde el rostro adquiere una apariencia excesivamente redondeada y artificial. Esto suele ocurrir por abuso del producto, muchas veces impulsado por la sensación inicial de mejora, lo que puede generar cierta dependencia psicológica en algunos pacientes.

Otro error frecuente es la falta de control en la evolución del paciente. Sin un seguimiento adecuado con fotografías comparativas, tanto el médico como el paciente pueden no darse cuenta de que el rostro está perdiendo su armonía y adquiriendo un aspecto progresivamente más hinchado. Este tipo de alteración puede considerarse una huella estética negativa, ya que desvirtúa las proporciones naturales del rostro.

Por eso, la clave está en una aplicación moderada y controlada, siempre respetando la armonía facial y evitando la sobrecorrección.

No siempre se reabsorbe

Aunque teóricamente debería hacerlo, no siempre se reabsorbe. La experiencia clínica y los estudios con ecografía han demostrado que, en algunos casos, puede persistir en los tejidos durante años. Las razones pueden ser varias: densidad y composición del producto, ya que los más densos y reticulados tienden a reabsorberse más lentamente; reinyección continua, pues si se aplican retoques frecuentes sin dejar suficiente tiempo entre sesiones el producto puede acumularse y permanecer más tiempo en los tejidos; factores individuales (cada persona tiene un metabolismo diferente y hay quien degrada el producto más rápido o más despacio); igualmente influye la respuesta inflamatoria del organismo, que en ciertos casos puede encapsular el ácido hialurónico, aislándolo del metabolismo normal y evitando su reabsorción. Sin embargo, el hecho de que el ácido hialurónico persista más tiempo del esperado no significa necesariamente que sea un problema. Lo importante es realizar un seguimiento adecuado para evitar acumulaciones excesivas o alteraciones en la armonía facial.

Pérdida de perspectiva

Por varias razones, muchas veces es un proceso progresivo en el que tanto el paciente como el profesional pueden perder la referencia de lo natural.

Percepción alterada y adaptación gradual: con pequeños cambios progresivos, la persona se va acostumbrando a su nueva apariencia y empieza a querer más. Esto puede llevar a una pérdida de perspectiva, donde lo que inicialmente parecía natural se convierte en un exceso sin que el paciente lo perciba.

Dificultad para decir “basta”: muchos profesionales encuentran complicado frenar a un paciente entusiasmado con sus resultados. La satisfacción inmediata puede llevar a solicitar más volumen del necesario, perdiendo la armonía facial.

Expectativas poco realistas: algunos pacientes creen que los tratamientos de estética médica corregirán por completo el envejecimiento y la flacidez. Sin embargo, mejoran la apariencia, pero no revierten el envejecimiento al 100%. Cuando se busca una corrección total, se cae en el riesgo de sobresaturar el rostro con rellenos.

Elección inadecuada del producto y técnica de aplicación: no en todas las zonas se debe utilizar el mismo tipo de ácido hialurónico ni la misma técnica. La elección entre cánula o aguja, la profundidad de aplicación y el objetivo del tratamiento son claves para evitar un resultado artificial.

La clave para mantener la naturalidad es un enfoque equilibrado, con una planificación adecuada y un control riguroso de la evolución del paciente.