La Dra. Abigail Arduan, médico estético, explica por qué cada vez más pieles adultas desarrollan acné y cómo la clave está en regular mecanismos como la 5-alfa reductasa para conseguir resultados duraderos.
Cuando una piel adulta desarrolla acné, nunca es casualidad. Es una manifestación de un desequilibrio interno que la piel ya no es capaz de compensar por sí sola, apunta la especialista.
La raíz invisible del acné adulto: una cuestión hormonal mal interpretada
Uno de los factores más determinantes en este tipo de acné es la acción de la 5-alfa reductasa, una enzima que transforma la testosterona en dihidrotestosterona (DHT), una hormona más activa a nivel cutáneo. Este proceso incrementa la actividad de las glándulas sebáceas, aumenta la producción de grasa y favorece la obstrucción del poro, creando un entorno propicio para la inflamación.
“Lo relevante en el acné adulto es que no hablamos de un episodio puntual, sino de una señal hormonal que puede mantenerse activa en el tiempo. La 5-alfa reductasa genera una respuesta continua en la piel que, si no se regula, acaba llevando a un estado de sobreproducción sebácea y brotes persistentes. Por eso es tan importante entender este mecanismo desde la biología cutánea y no solo desde la superficie”, explica la doctora.
Frente a los tratamientos tradicionales que buscan suprimir el problema, la Dra. Arduan y su método de estética avanzada propone una visión mucho más respetuosa con la biología cutánea: regular en lugar de bloquear. “Nuestro objetivo es disminuir el impacto de esa vía hormonal sin alterar el equilibrio global del organismo. Cuando hablamos de interceptar la 5-alfa reductasa, hablamos de modular cómo la piel responde a ella”.
Este enfoque permite reducir la producción de sebo, disminuir la inflamación y evitar la obstrucción del poro sin generar efectos rebote ni comprometer la salud cutánea.
Este cambio de paradigma implica abandonar la lógica de la supresión inmediata para adoptar una estrategia más biológica y sostenida en el tiempo. En lugar de forzar resultados rápidos, el objetivo pasa por modular la respuesta cutánea, equilibrar la actividad sebácea y restaurar la función barrera.
Principios activos
Más allá del diagnóstico, la clave en el acné adulto está en entender qué activos pueden ayudar a modular la respuesta de la piel frente a los estímulos hormonales que lo desencadenan. Se trata de influir en cómo se comporta la piel para reducir la intensidad de los brotes.
Uno de los ingredientes que ha demostrado ser especialmente interesante es la niacinamida, un activo que ayuda a que la piel reduzca la producción excesiva de sebo sin alterar su equilibrio natural. A su lado, el zinc actúa como un gran regulador, calma la inflamación, mejora el aspecto de las pieles reactivas y contribuye a que la piel se mantenga más estable.
También destacan algunos extractos de origen vegetal como el saw palmetto, utilizado por su capacidad para suavizar la respuesta de la piel frente a la actividad hormonal, ayudando a reducir la intensidad con la que se manifiestan los brotes.
El ácido azelaico se ha consolidado como otro de los grandes aliados en este tipo de pieles, ya que actúa sobre varios frentes a la vez. En palabras de la especialista, “ayuda a mantener los poros más limpios, mejora la textura cutánea y contribuye a reducir tanto la inflamación como la formación de imperfecciones”.
“Cuando combinamos este tipo de activos de forma coherente en un tratamiento profesional personalizado al caso del cliente, lo que conseguimos no es un efecto puntual, sino una piel que empieza a funcionar de manera más equilibrada”, señala la doctora.
A ellos se suman ingredientes antioxidantes como el té verde, que ayudan a calmar la piel y reducir su reactividad, y los retinoides, conocidos por favorecer la renovación celular y mejorar la calidad global de la piel a largo plazo.
El resultado de este enfoque no es inmediato, pero sí progresivo. “Se logra una piel menos reactiva, con menos brotes y con una textura más uniforme”.






