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¿Y a mí quién me cuida?

No hay nada tan frustrante como no sentirse comprendida y reconocida. Entre fábula y realidad ha llegado a nosotros la vida de Agnódice, mujer ateniense que vivió en el siglo IV a.C. de la que dicen que fue la primera mujer ginecóloga. En aquella época no lo tuvo fácil ya que, el saber y sobre todo médico, estaba reservado para hombres distinguidos, por lo que tuvo que “transformarse” en varón: cortarse el pelo y vestirse como ellos para poder optar al conocimiento científico y así llegó a tener los títulos acreditativos en ginecología y obstetrícia. En su etapa como médico consiguió éxito y popularidad entre sus pacientes, porque nadie como ella las trataba y comprendía. Lo que llevó a la envidia de sus colegas que llegaron a acusarla de violación. Para negar tales afirmaciones, Agnódice tuvo que desnudarse ante un tribunal y mostrarse como lo que realmente era, una mujer. Pero ejercer públicamente el oficio de médico para ellas, en la Atenas de la época, estaba castigado con la pena de muerte. La condena llevó a, quizás, una de las primeras revueltas femeninas, las mujeres salieron a la calle en su defensa y lo consiguieron. Además de salvar la vida de Agnódice, al año siguiente se permitió que, aunque con restricciones, pudieran formarse y ejercer como médicos.

Hoy las facultades de Medicina están equiparadas, el saber no está reservado para élites, pero a día de hoy, ¿existe un conocimiento completo de la mujer y sus necesidades?

En la última ocasión que necesité ir al hospital por una urgencia médica ginecológica, al hacer la historia clínica e intentar que fuera lo más completa posible comenté que era una mujer perimenopáusica. La doctora que me atendió me miró con “cara de pez”, evidentemente por su juventud yo sabía que no me estaba entendiendo, luego lo constaté con media docena más de pares de ojos que me auscultaron y, después de casi cinco horas, la primera doctora me confesó que la menopausia no ocupa muchas páginas de los temarios médicos, algo que yo ya conocía por ser una reivindicación repetida de los doctores que se ocupan de la ginecoestética funcional y regenerativa.

Desde los comienzos de la historia, el ser humano ha estado poniendo en práctica remedios para los males que desde siempre nos han afectado y, poco a poco, ha ido conociendo su cuerpo, hasta tener una idea exacta de su composición, por lo tanto, resultan significativas esas “lagunas” sobre la anatomía y fisiología de la mujer. Otro ejemplo evidente es el clítoris, un órgano que se conocía en las culturas clásicas, de hecho, su nombre procede del griego antiguo, pero su conocimiento clínico ha ido apareciendo y desapareciendo según las etapas históricas que “tocara” vivir, y no es hasta el siglo XXI cuando se ha obtenido una imagen en sus tres dimensiones.

Afortunadamente, en nuestro país la calidad médica es innegable y sus ansias de conocimiento imparables, cada día se consiguen técnicas y terapias que mejoran nuestra calidad de vida, pero no nos podemos olvidar de aquellas, que no están muy lejos, y todavía sufren mutilaciones en su anatomía, solamente, por haber nacido mujer.