Las patologías de la piel no solo suponen un desafío físico para el paciente, sino que conllevan una carga psicosocial importante, incluyendo estigma, ansiedad y depresión, que tienen un impacto directo en su calidad de vida. Es importante un cambio de paradigma de la atención a este tipo de pacientes, fomentando un abordaje multidisciplinar para garantizar su bienestar.
La Dra. Ana Molina, dermatóloga, aporta una visión clara sobre la necesidad de ser cercano con el paciente y tratar de romper estigmas: «como profesionales debemos ser capaces de explicar las enfermedades cutáneas de manera que el paciente pierda el miedo. La comunicación es nuestra mejor herramienta contra el estigma; si logramos que el paciente entienda su enfermedad podemos también reducir la ansiedad y el estrés.
Las enfermedades cutáneas no terminan en la piel, sino que debemos combatir el impacto psicológico de aquellos que ‘sufren en silencio’. Más allá de la consulta, el paciente se enfrenta a un profundo malestar donde la ansiedad y la inseguridad condicionan su calidad de vida. En este sentido, la intervención de los profesionales sanitarios debe contemplar una faceta psicológica, proporcionando un acompañamiento integral que ayude al paciente a recuperar su confianza y su bienestar emocional«, añade.
Por su parte, la Dra. Rosa Molina, psiquiatra, añade que: «el abordaje psicológico debe ser temprano. Muchas veces, el paciente llega a consulta tras años de sufrimiento silencioso. Integrar la psicología desde el primer momento y valorar el apoyo psiquiátrico cuando sea necesario evita que las patologías de la piel condicionen toda la estructura emocional y social del individuo».






