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Relación entre bienestar emocional y medicina estética

Según un último estudio impulsado por el Departamento de Dermatología de la Universidad de California, los pacientes que se han sometido a tratamientos estéticos en el último año reportan mejoras en su bienestar psicológico y en su confianza social. Para los expertos, las nuevas tecnologías y la digitalización de los tratamientos han contribuido a cambiar la percepción de este sector con los pacientes y a trabajar de una manera más natural algunas de las principales preocupaciones estéticas.

“El bienestar emocional y la medicina estética están muy ligados, cuidarse es una demostración de amor propio. La forma como nos percibimos delante del espejo influye en nuestra autoestima y en la forma en cómo nos desenvolvemos en el día a día. La tecnología HIFU es de los tratamientos no invasivos más efectivos y con los que las pacientes notan mayor mejoría”, explica la Dra. Ivanna Coelho, médico estético.

Contextualizando esta tendencia, a nivel mundial la demanda de procedimientos estéticos no invasivos ha experimentado un notable incremento. Según datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), en 2022 se realizaron más de 14 millones de procedimientos no quirúrgicos, destacando las inyecciones de toxina botulínica y ácido hialurónico como los más solicitados.

En España, esta tendencia también se refleja en el creciente interés por la medicina estética. La Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) indica que el 50% de la población española se ha realizado algún tratamiento de medicina estética, lo que evidencia una aceptación generalizada de estas prácticas en la sociedad.

“Creo que una de las mayores ventajas de estos tratamientos de aparatología médica no invasiva como el HIFU es que pueden combinarse perfectamente con otros como el ácido hialurónico o la toxina botulínica a bajos niveles, lo que favorece resultados más completos y que cumplen con las expectativas de los pacientes”, explica el Dr. Andrés Martín, médico estético. Para los expertos, uno de los grandes retos es “poder realizar tratamientos equilibrados que tengan una huella estética positiva, logrando recomendar a cada paciente un esquema de tratamiento personalizado, y que en 10-20 años lo que estemos haciendo nunca sea excesivo, minimizando así los posibles efectos secundarios al máximo”, añade.