Con la llegada del otoño, muchas personas notan un aumento en la caída del cabello, lo que suele generar alarma. Aunque este fenómeno es natural y conocido como caída estacional, a menudo es confundido con la alopecia, una condición más prolongada y a veces más grave. Para comprender mejor estas dos situaciones la Dra. Rita Rodrigues, jefa de servicio Dermatología de los hospitales Valle del Henares y Quirón Sur, explica las diferencias entre ambas.
Alopecias o Efluvio
La alopecia androgenética se caracteriza por la miniaturización folicular mayor al 20%, juntamente con la variabilidad de diámetros capilares.
La alopecia areata es una pérdida de cabello aguda, intensa y que afecta a todo el cuero cabelludo.
En ambos caos el diagnóstico debe ser clínico y el tratamiento tiene que estar pautado por un especialista y personalizado al paciente.
El efluvio telógeno es el motivo de consulta más frecuente en Tricología. Es una caída de cabello no cicatricial mayor a la que ocurre de forma habitual, esto provoca una pérdida transitoria de la densidad capilar superior a lo normal y en su fase más aguda se pueden perder hasta 300 cabellos diarios.
– Tiene una causa desconocida hasta en el 33 % de los casos
– El intervalo entre el factor desencadenante y el inicio de la caída en sí, varía entre 1 y 3 meses.
– Normalmente la recuperación es espontánea y dentro de 6 meses
– Está infradiagnosticado
Dentro de los factores desencadenantes se pueden encontrar: dietas no equilibradas, pérdida brusca de peso, reglas abundantes, deporte alta intensidad, postparto o abortos, menopausia o situaciones de estrés. También, frecuentemente, se encuentran las deficiencias nutricionales y es significativa la carencia de hierro, zinc y biotina. La doctora, colaboradora de Laboratorios Viñas, indica que, en estos casos, los nutracéuticos pueden ser de gran ayuda y una importante opción para compensar esos déficits y revertir la situación.
La especialista también explica que existe un efluvio telógeno crónico de mayor duración y más frecuente en mujeres entre 30 y 60 años, pero para mejor resolución de debe hacer, para todos los casos, un diagnóstico clínico que identifiquen los factores desencadenantes y asociados. Generalmente es reversible al eliminar la causa subyacente.






