El Dr. Sergio Quintero, médico estético, director de la clínica Elegance Medical, explica cómo reducir la papada porque, “ya no se trata de “disimular”, sino de tratar la causa real del descolgamiento y la acumulación de grasa en esta zona tan delicada”.
El cuello, el gran delator de la edad
Si hay una zona capaz de revelar la edad real antes que el propio rostro, esa es el cuello. Mientras la atención suele centrarse en pómulos, arrugas de expresión o manchas, el cuello envejece en silencio y, cuando lo hace, resulta mucho más difícil de disimular.
“Esto se debe a razones anatómica concretas, el cuello tiene una piel mucho más fina que la del rostro y una menor densidad de glándulas sebáceas, lo que se traduce en menos protección natural y una peor capacidad de regeneración”, explica el doctor. “Esto hace que pierda colágeno y elasticidad antes, mostrando flacidez de forma más precoz”.
A esta fragilidad estructural se suman los hábitos de la vida diaria, tal y como apunta el experto, “el cuello está en constante movimiento y tensión, pero no lo cuidamos como el rostro. Esa combinación pasa factura con el tiempo”.
Otro factor determinante es la acumulación de grasa en la zona submentoniana. “No siempre está relacionada con el peso. La genética y la propia anatomía mandibular influyen mucho”, apunta el doctor Quintero. “Cuando esa grasa se combina con flacidez, el envejecimiento del cuello se hace mucho más evidente”.
Además, los cambios hormonales y las fluctuaciones de peso aceleran este proceso. “El cuello no tolera bien los estiramientos y retracciones bruscas de la piel. Cada cambio deja huella, y con los años esas huellas se acumulan”, añade.
Por todo ello, tratar el cuello como una extensión natural del rostro y abordarlo con protocolos médicos específicos es clave para mantener un aspecto joven y armónico. “El error es intentar aplicar soluciones genéricas en una zona que es extremadamente delicada”, concluye.
Tecnología láser
Frente a este escenario, la medicina estética ha desarrollado soluciones que actúan desde el interior del tejido, donde realmente se origina el problema. Los tratamientos láser mínimamente invasivos permiten trabajar directamente sobre la grasa localizada y, al mismo tiempo, estimular la producción natural de colágeno.
“Hoy sabemos que para obtener un buen resultado hay que tratar las estructuras profundas, no solo la superficie”, afirma el doctor Quintero. “Tecnologías como el láser permiten remodelar, tensar y mejorar la calidad de la piel sin necesidad de cirugía”.
Este enfoque se materializa en protocolos avanzados como el Lifting Facial Láser, desarrollado por el propio especialista. Un tratamiento que redefine el cuello y la línea mandibular respetando siempre la naturalidad del rostro.
El abordaje se realiza en dos fases claramente diferenciadas y complementarias. “En una primera etapa, se introduce energía láser en los planos profundos de la piel y el tejido subcutáneo, donde realmente se origina la flacidez” declara el especialista.
Este estímulo térmico controlado activa los fibroblastos y pone en marcha un proceso biológico natural que favorece la síntesis de colágeno y elastina, al tiempo que produce una retracción progresiva del tejido.
A continuación, el tratamiento se completa con láser CO₂ fraccionado, centrado en la superficie cutánea. “Esta segunda fase actúa renovando la piel, afinando las arrugas más finas y mejorando visiblemente la textura y la uniformidad del tono, lo que potencia el resultado global de rejuvenecimiento”, aclara Quintero.
La combinación de ambas tecnologías consigue que la piel recupere densidad y calidad desde dentro, ganando firmeza y un aspecto más terso y luminoso. Además, su carácter versátil permite aplicar este protocolo en distintas zonas del rostro y el cuello que, con el paso del tiempo, suelen delatar antes los signos del envejecimiento.






