La Dra. García Briz, especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica y Medicina Estética de IMR, explica cómo reconocer una barrera cutánea alterada, adaptar la rutina de cuidado en otoño y qué tratamientos pueden ayudar a recuperar su calidad y aspecto.
La piel puede manifestar el impacto del verano de diferentes formas. Los síntomas más habituales son tirantez, sequedad, pequeñas descamaciones, sensación de aspereza, picor, escozor o una mayor facilidad para que aparezcan rojeces.
También puede ocurrir que determinados cosméticos que antes se toleraban bien empiecen a producir escozor o sensación de quemazón. Esta mayor sensibilidad a los productos es bastante frecuente y puede estar relacionada con una alteración de la función barrera. «Cuando la función barrera está alterada, la piel puede perder agua con mayor facilidad y responder de manera más intensa a determinados estímulos», explica la Dra. García Briz.
Claves
Ante una piel más sensible, no es recomendable introducir muchos cambios de golpe. Por eso, lo primero es revisar la rutina y retirar aquellos productos que puedan estar contribuyendo a la irritación. «La base debería ser una limpieza suave, sin productos excesivamente detergentes, una hidratación adecuada y fotoprotección durante el día», señala la Dra. García Briz.
Asimismo, si la piel está irritada, también puede ser conveniente reducir temporalmente el uso de exfoliantes, ácidos o retinoides que estén provocando molestias. La especialista señala que «cuando la piel vuelva a estar estable se pueden introducir de nuevo de forma progresiva» y recomienda «no incorporar varios productos nuevos al mismo tiempo, porque si aparecen rojeces o irritación resulta mucho más difícil saber qué producto las ha provocado».
Por último, como recordatorio, la fotoprotección debe mantenerse también durante el otoño, ya que la radiación ultravioleta continúa estando presente.
Activos para reforzar la barrera cutánea
Entre los activos que pueden contribuir a mejorar la función barrera se encuentran las ceramidas, que forman parte de los lípidos presentes de forma natural en el estrato córneo. También pueden utilizarse humectantes como la glicerina o el ácido hialurónico, así como emolientes y oclusivos que ayudan a reducir la pérdida de agua. La urea también puede resultar útil en determinadas pieles secas, aunque su concentración y el estado de la piel son factores que deben tenerse en cuenta.
No obstante, la Dra. García Briz apunta que «más que fijarnos únicamente en un activo concreto, me parece importante valorar la formulación completa y, sobre todo, que el producto sea bien tolerado por esa piel. En una piel muy irritada, algunos productos pueden producir escozor».
Los tratamientos más demandados
Con la llegada del otoño aumenta la demanda de tratamientos dirigidos a mejorar manchas, textura, luminosidad y signos de fotoenvejecimiento que pueden hacerse más evidentes después del verano.
Como señala la Dra. García Briz, la elección del tratamiento depende del estado de la piel y del objetivo de cada paciente. En determinados casos de fotodaño o alteraciones pigmentarias puede valorarse la luz pulsada intensa, mientras que para algunas alteraciones de textura o cicatrices pueden utilizarse láseres fraccionados.
Además, la Dra. García Briz añade que «no trataría igual una piel con manchas que una con rojeces, una piel con cicatrices de acné o una piel en la que el principal problema sea la pérdida de firmeza. El diagnóstico y la valoración previa son los que determinan qué tratamiento tiene sentido en cada caso».






