Actualmente ya se disponen de ejemplos reales, concretos y exitosos de personalización del tratamiento, educación y seguimiento clínico de las personas con obesidad, combinando el rigor médico con nuevas herramientas tecnológicas, y que están empezando a integrarse en la práctica diaria. Entre ellas, resalta el potencial de la inteligencia artificial (IA) generativa para transformar la manera en la que se acompaña a las personas con obesidad.
Y es que “la gran revolución de la inteligencia artificial generativa no será tanto tecnológica como relacional”, afirma el Dr. David Barajas Galindo, del Hospital Recoletas Salud Campo Grande (Valladolid) y miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). Por primera vez, el paciente podrá contar con una herramienta que le acompañe las 24 horas del día, algo que los médicos ni otros profesionales sanitarios pueden hacer. “Esa disponibilidad continua, bien utilizada y supervisada, puede aumentar enormemente su autonomía, su comprensión de la enfermedad y su capacidad real de cambio”.
Predicción de respuesta y regulación europea
La IA ya complementa la labor del profesional en áreas como la predicción de respuesta a fármacos, la estratificación del riesgo cardiometabólico o el apoyo al cambio de hábitos, sin sustituir nunca (al menos de momento) el juicio clínico. “Estamos pasando de hablar de big data a hablar de smart data: no se trata de recopilar información, sino de convertirla en decisiones clínicas más precisas y humanas”, señala el Dr. Barajas.
En Europa, según informa el Dr. Barajas, “el panorama es más restrictivo”, debido al marco regulatorio de Inteligencia Artificial (EU AI Act) y al Reglamento de Dispositivos Médicos (MDR), lo que limita la disponibilidad de herramientas con certificación CE. Por eso, aclara, “en la práctica, quizá la herramienta más versátil, barata y accesible hoy para el profesional y el paciente sea ChatGPT (con un uso controlado y dentro de marcos de privacidad), que permite desde generar materiales educativos adaptados al nivel del paciente hasta diseñar menús equilibrados o entrenar la entrevista motivacional”. Este marco regulatorio exige que cualquier herramienta con impacto sanitario demuestre evidencia clínica y un sistema robusto de gestión del riesgo, lo que tiene un coste económico y temporal.






