Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) afectan a alrededor de entre el 1% y el 3% de la población, con picos en determinadas etapas del desarrollo evolutivo como la adolescencia, cuando según datos de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia afectan a entre el 4,1% y el 6,4% de las mujeres entre los 12 y los 21 años (0,3% de los hombres).
“Se trata de trastornos multicausales, en los que intervienen distintos factores (ambientales, biológicos, sociales, etc.). No es casual que suelan aparecer sobre todo en la adolescencia, alrededor de los 13-18 años”, afirmó el catedrático de la Universitat de Barcelona, Fernando Fernández Aranda, director de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital de Bellvitge (HUB).
“En esas edades no hay otro trastorno mental con una tasa tan elevada”, subrayó el experto, que destacó el impacto a largo plazo que presentan los trastornos de la conducta alimentaria sobre los afectados y sus familiares: “Hay que pensar que cuatro de cada diez personas no se van a recuperar o solo se recuperan muy parcialmente, lo que tiene un impacto a todos los niveles (individual, familiar, académico, emocional, laboral, sanitario, etc.) durante décadas”.
A largo plazo, además, también contribuye a la comorbilidad de los TCA con otros trastornos mentales, lo que se conoce como patología dual. “Son complejos de abordar y difíciles de entender -incluso para muchos profesionales-, tienen una alta comorbilidad con trastornos depresivos o con trastornos ansiosos, con abuso de sustancias y con conductas impulsivas”, afirmó el experto.



