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Armonización de glúteos

Según explica la Dra. Amira Chehade, directora médica de NOVO Clinic, la armonización de glúteos, un tratamiento médico avanzado que no busca simplemente aumentar volumen, sino equilibrar proporciones, redefinir contornos y mejorar la calidad de la piel con un enfoque absolutamente personalizado.

Procedimiento

El objetivo del tratamiento no es únicamente proyectar el glúteo, sino mejorar su contorno lateral y su proporción con el resto del cuerpo. Se trabaja tanto el área posterior, glúteo mayor y medio, como la transición lateral entre cadera y muslo, especialmente en casos de hundimiento lateral o asimetrías. Por ello, preferimos hablar de armonización y no de aumento.

Evidentemente vamos a aumentar el volumen de aquellas áreas que sean necesarias para la proporción, pero, sobre todo, nos vamos a fijar en equilibrio y contorno. El tratamiento permite trabajar también la calidad de la piel, estimulando la elasticidad y favoreciendo la producción de colágeno, lo que contribuye a una textura más firme y uniforme. En determinados casos, puede mejorar visiblemente la apariencia de la celulitis y atenuar la flacidez leve o moderada, reduciendo el aspecto de “piel de naranja”.

Se trata, por tanto, de un procedimiento integral que combina forma, proyección y calidad cutánea en un mismo plan terapéutico.

Es importante señalar que se trata de un procedimiento médico no quirúrgico realizado con materiales reabsorbibles y bajo protocolo clínico estricto. La armonización se lleva a cabo tras una valoración individualizada y con criterios anatómicos precisos, priorizando siempre la seguridad y la indicación médica adecuada.

Tipo de paciente

La armonización de glúteos no se concibe como un procedimiento estándar aplicable a cualquier paciente. Lo primero es valorar la calidad del tejido, la elasticidad de la piel, el soporte muscular y las proporciones corporales. Si existe una elastosis muy avanzada, un exceso importante de piel o una atrofia muscular marcada, el tratamiento no está indicado. Colocar un producto de alta densidad en un tejido sin soporte puede comprometer el resultado.

En pacientes jóvenes con musculatura muy desarrollada y escaso tejido subcutáneo, el tratamiento también requiere cautela. Cuando hay poco espacio entre piel y músculo, la cantidad que podemos colocar es limitada. En estos casos, si se indica, suele plantearse en dos tiempos para permitir que el tejido se adapte progresivamente.

Post tratamiento

El objetivo, siempre que la anatomía lo permita, es realizar una intervención eficaz desde la primera sesión. Sin embargo, el cuerpo tiene sus propios ritmos. Dos semanas después del tratamiento, el producto ya se ha integrado y el tejido comienza a adaptarse y expandirse. Es entonces cuando, en revisión, puede valorarse si existe espacio para completar el plan inicial. En muchos casos, el procedimiento se diseña en dos tiempos precisamente para respetar esa biología y no forzar el tejido más allá de su capacidad natural.

El procedimiento se realiza bajo anestesia local y las molestias son leves y tolerables. Tras la sesión, se efectúan maniobras de moldeado en clínica para favorecer una integración homogénea. Puede aparecer inflamación los días posteriores, dentro de lo esperable, y el protocolo incluye medidas preventivas individualizadas y seguimiento médico según cada caso.

La recuperación es compatible con una vida cotidiana prácticamente normal, incluido sentarse desde el primer momento, aunque se recomienda evitar ejercicio intenso durante las dos primeras semanas. La revisión se lleva a cabo entre la tercera y cuarta semana, cuando el tejido ya se ha estabilizado.

La durabilidad del tratamiento, que puede superar el año, dependiendo del metabolismo y estilo de vida del paciente, no es, en este sentido, el único valor diferencial. Lo es también el entorno clínico, la higiene estricta del protocolo y la personalización absoluta de cada caso.