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Láser antes, durante y después de una herida quirúrgica para evitar cicatrices

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La Fundación Piel Sana de la AEDV publica que, hasta no hace mucho, había pocas opciones para evitar que el paso por quirófano dejase una huella de por vida en la piel del paciente en forma de cicatriz. Sin embargo, la mejora en las técnicas de dermatología estética está permitiendo que tras una herida se minimice su rastro en la piel.

El tejido cicatricial puede generar dolor y picor, junto con problemas funcionales y cosméticos que mermen la calidad de vida del paciente. El ejemplo principal de dichos trastornos es el queloide.

El láser puede generar una mejora de la cicatrización ya que puede regular los mecanismos de reparación de la piel por el efecto térmico. Al generar la activación de diferentes tipos de citoquinas, incluidas las proteínas del estrés (heat shock protein), modificar los factores beta de crecimiento y de las metaloproteinasas, el láser modula el proceso inflamatorio y cicatrización.

Por este motivo, desde hace algunos años, se está utilizando la aplicación del láser en las cicatrices quirúrgicas formadas hace tiempo para intentar reducir su impacto. Esta tecnología ha permitido una mejora considerable sobre los procedimientos que existían previamente y que consistían en optimizar las técnicas quirúrgicas, comprimir la zona intervenida o vendar la herida.

Sin embargo, cada vez son más los dermatólogos que observan mejores resultados cuando se aplica precozmente. Aunque existen numerosos estudios que muestran su eficacia en la regulación del proceso de cicatrización, no existe un consenso sobre cómo estandarizar este tratamiento: cuándo aplicar el láser y qué tipo de láseres combinar. Para intentar establecer un protocolo idóneo, dermatólogos de Alemania y Dinamarca han llevado a cabo un ensayo controlado y aleatorio con 32 pacientes y cuyos resultados han sido publicados recientemente en la revista British Journal of Dermatology (BJD). Leer más…

“El uso de láseres fraccionados ha supuesto efectivamente un antes y un después en el concepto de la cicatrización. Su empleo precoz permite dirigir el proceso cicatricial (laser-assisted scar formation) y reducir el riesgo de que se forme una cicatriz hipertrófica o un queloide sin prácticamente riesgos para el paciente», explica el Dr. Didac Barco, dermatólogo de la AEDV.

Este especialista señala que  «otros autores abogan también por la aplicación precoz láseres vasculares (o en combinación con el NALF) para regular, además del proceso de proliferación de los fibroblastos, la angiogénesis. Esto es la formación de los vasos sanguíneos que pueden nutrir en exceso el tejido cicatricial y aumentar la probabilidad de formación de un queloide o de una cicatriz hipertrófica. No hay duda de que el uso precoz de los láseres fraccionados, en combinación con los vasculares, están cambiando el enfoque del tratamiento de las cicatrices a favor de una actuación temprana en vez de esperar pasivamente a que finalice el proceso de cicatrización como se hacía antiguamente”, concluye el Dr. Barco.