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Análisis médico-estético de uso de neuromoduladores

El Dr. Antonio J. Fustes, médico estético en Clínicas Dorsia, ofrece una visión profesional y matizada sobre el uso de los neuromoduladores, que está, en efecto, muy extendido.  Su aplicación va en aumento, no solo con fines estéticos, sino también como parte de diversos tratamientos médicos. Sin embargo, asegura que no se puede afirmar que “todo el mundo” lo utilice. “Algunas personas no se sienten cómodas con el efecto que les produce, otras no pueden permitírselo económicamente y en ciertos casos existen contraindicaciones médicas como la miastenia gravis”, explica.

El doctor también desmiente varios mitos frecuentes que escucha en consulta. Uno de los más comunes es pensar que el efecto dura seis meses: lo habitual son cuatro. Otro error es creer que basta con una sola aplicación para eliminar arrugas profundas que llevan años formándose. “En realidad, se trata de un trabajo progresivo que requiere constancia y repetición, aplicando las dosis correctas y en los tiempos adecuados”, señala.

También es habitual pensar que la falta de movimiento facial se mantiene durante todo el periodo, pero el cuerpo comienza a generar vías alternativas de transmisión de los neurotransmisores a partir del segundo mes. “Ese movimiento se va recuperando poco a poco y, hacia el cuarto mes, se recomienda una nueva aplicación”, añade.

Muy importante: el control médico

En cuanto a los riesgos de una aplicación sin control médico, el doctor es claro: “como cualquier tratamiento médico, requiere conocimientos específicos para lograr resultados seguros y eficaces. La toxina es un medicamento, y solo debe ser administrado por profesionales cualificados”. Como ejemplo, menciona que paralizar el músculo frontal en pacientes mayores de 65 años puede provocar un descenso completo de las cejas, generando molestias que solo se revierten una vez que desaparece el efecto del producto, entre dos y tres meses más tarde. Además, si se aplica muy cerca del ojo, pueden aparecer complicaciones como estrabismo convergente o edemas palpebrales.

Para quienes se plantean aplicárselo por primera vez, el especialista aconseja: “Lo ideal es probarlo unos cinco meses antes de un evento importante, para repetir la aplicación un mes antes y asegurarse de que el resultado sea el deseado”, sugiere. En cuanto a su efecto, explica que “comienza a notarse a las 72 horas, alcanza su punto máximo a los 15 días y, en general, el momento más bonito es al mes de la aplicación”.

Este tratamiento tiene un valor preventivo importante en el control de las líneas de expresión y, cuando estas ya están presentes, ayuda a suavizarlas de forma notable. Eso sí, recuerda que debe formar parte de una rutina estética completa: el uso de cremas hidratantes o con principios activos, junto con una protección solar adecuada, es fundamental para mantener la piel sana y con buen aspecto”.