La midorexia o miedo desmedido e irracional a la huella física del envejecimiento, forma parte de los Trastornos de la Imagen Corporal y está íntimamente relacionado con el Trastorno Dismórfico Corporal. En palabras del psicoanalista del Centro de Estudios y Aplicación del Psicoanálisis, Juan Martínez-Mena, “los índices epidemiológicos apuntan a una prevalencia de entorno al 2,4% de la población general. Un porcentaje que se incrementa en el ámbito clínico, llegando al 53% de casos en los pacientes de medicina y cirugía estética y a entorno al 12% en las consultas dermatológicas, según recientes estudios”.
La Dra. Remedios Gutiérrez, psiquiatra, afirma que: “sería más que recomendable que se estableciese una colaboración real entre los especialistas en estética (cirujanos, dermatólogos y médicos estéticos) y los psiquiatras y psicoterapeutas, estableciendo una praxis médica basada en la misma raíz del juramento hipocrático: poniendo la salud física y mental del paciente por encima de todo. La colaboración médica interespecialidad es, prácticamente, la única vía de solución en este caso”.
Creciente problema de salud mental
“Tras el miedo irracional a envejecer, además de un temor exacerbado a la muerte, está la presión social, fruto de un marketing agresivo y sin tregua, que viene endiosando el hecho de mantener la juventud como logro supremo, mercantilizándola como un bien de consumo más”, afirma el psicoanalista. Y es que la asociación juventud-belleza y belleza-éxito, continúa, con la que nos vienen machacando desde hace años, está claramente en la base de este creciente problema de salud mental. En su epicentro, lo que los norteamericanos bautizaron como beauty privilege: numerosos estudios demuestran que a mayor belleza, juventud, delgadez… Mayores posibilidades de acceso y ascenso laboral, de éxito social, amoroso, etc.
Además, hace apenas tres décadas, el acceso a los tratamientos estéticos era residual: no eran un bien asequible, con posibilidad de pago-en- cómodos-plazos como hoy. Éste factor, sumado a que el bombardeo sobre medicina y cirugía estética no existían al mismo nivel, hace que la de presión por comparación haya aumentado drásticamente, llegando a ampliar el radio de incidencia del síndrome, que pese a haberse descrito originalmente asociado a la mediana edad (entre 40 y 50 años), ya alcanza a personas de 30 e, incluso, 20 años, que recurren a procedimientos antiaging, como bótox para ‘alisar’ arrugas”.





