El Dr. Ramón Tarragona Fernández, cirujano plástico y miembro de la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica (AECEP) explica esta técnica novedosa en rinoplastia que consigue un resultado perdurable en el tiempo.
Es una cirugía que combina la técnica preservadora con la estructural de manera que, el caballete o dorso nasal se modifica con técnica preservadora y la punta nasal se trata con técnica estructural. Se trata de lo mejor de ambas filosofías. La preservación de todo esto hace que la nariz envejezca mejor y conserve las peculiaridades que la hacen única.
En primer lugar, se modifica una gran giba dorsal realizando cortes y resecciones en el tabique y los huesos, pero sin tocar la piel ni la superficie dorsal de la nariz. Esto permite una impactación de la giba, de manera que queda recta realizando mínimos cambios en la anatomía del dorso nasal.
En segundo lugar, se da forma a los cartílagos con suturas y soporte, utilizando un injerto de cartílago que va pegado al tabique ya que así se consigue dejar recto un dorso nasal convexo y se logra una punta nasal más estética y estable.
Ventajas
– Mayor naturalidad en el acabado, manteniendo los reflejos luminosos dorsales.
– Permite respirar mejor, gracias a que preserva la válvula interna, no reseca ni hay que reconstruirla.
– Funciona particularmente bien en piel gruesa y pesada, cartílagos débiles y puntas nasales grandes, caídas y sin definición.
Post operatorio
En cuanto a la recuperación, presenta algunas diferencias respecto a la de la rinoplastia tradicional. Es necesario llevar puesto una férula dorsal durante aproximadamente una semana, sin necesidad de poner grasas nasales. También, es probable que aparezcan hematomas durante 7 a 10 días, e inflamación que puede durar hasta un año. Sin embargo, aunque el resultado final se consigue a partir del año, se puede disfrutar de magníficos resultados a los 15/30 días.






