Inicio Opinión En el vestuar...

En el vestuario

Compartir

Propicia intimidades, confidencias, risas y también alguna lágrima porque en ellos estamos desnudos solos o en colectividad, excitados o cansados, pero somos nosotros mismos. La clase de gimnasia fue la causa que nos llevó al vestuario del colegio, entonces, impuesto y de niñas. Allí, descubrimos que cada cuerpo era a la vez propio y distinto. Afortunadamente, y aunque fueron muchos los defectos de la educación de la época, tuvimos profesores que no permitieron burlas hacia nadie e intentaron enseñarnos la riqueza de la diversidad.

Cuando fuimos creciendo el deporte ya lo elegimos nosotras y llegó el vestuario del gimnasio con las clases de zumba o body pump. El cuerpo fue cambiando a ritmo de músicas diversas y agujetas varias. Allí vimos con espanto que hay personas tóxicas, como con ese primer novio que tanto te quería que te llenaba de moratones. Recuerdo con qué rabia me pediste un boli para tachar su nombre de ese tatuaje que llevabas al final de la espalda con el que le declarabas amor eterno.

El tiempo y los avances tecnológicos hacen que algunas cosas se conviertan en nada y el año pasado nos enseñaste orgullosa, en el vestuario, cómo el láser redujo al olvido uno de los peores momentos de tu vida.

También fue el lugar donde nos mostraste la cicatriz de cesárea, esa que dijiste que sería la única marca que llevarías con orgullo el resto de tu vida.

Fuiste tú quien, la temporada siguiente, nos convenciste para que nos cambiásemos a la clase de aquagym, porque según dijiste era más tranquilo y mantendría a raya la celulitis. La piel de naranja no varió en absoluto, pero lo que si mejoró fue mi conocimiento de anatomía porque los calambres me descubrieron músculos que ni imaginaba que existieran.

Aprovechando el buen tiempo de este otoño, en el vestuario nos dijiste que te ibas de puente para prolongar el bronceado, a la vuelta ya nos darías envidia.

Un domingo por la noche me llamó tu hija, me dijo algo sobre una curva, quizás la excesiva velocidad, no lo entendí muy bien y nunca lo sabremos.

Ya han pasado dos meses, ha cambiado la monitora y las músicas de las clases. Hoy cuando nos poníamos el bañador para entrar en la piscina, una nueva compañera nos propuso iniciarnos en el aquajogging y los bailes de sevillanas, “porque son lo mejor para mantener los kilos a raya y quemar muchas más calorías”, mientras nos recuperamos de las carcajadas, miro de reojo el rincón vacío donde te sentabas. La vida sigue.