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Anatomía de una ficción

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Trastorno dismórfico corporal o dismorfia del selfi; anorexia, vigorexia o bulimia y también, y en ciertos aspectos, el síndrome de Peter Pan. La lista se va alargando cada vez más y los psicólogos van añadiendo nombres a los trastornos relacionados con la imagen en una época en la que la salud mental está en entredicho.

La insatisfacción con nuestro cuerpo es uno de los problemas que más inseguridades crea y que pueden llevar a desembocar en problemas que, según la edad y personalidad, pueden creerse irresolubles. Así lo expresan los datos de un estudio realizado a gran escala y publicado en la revista The Lancet Psychiatry que dice que la disconformidad corporal va ligada a depresión en los más jóvenes.

Conseguir la belleza y llegar a tener ese cuerpo perfecto no es algo nuevo ni una moda viral de las redes sociales y para atestiguarlo solo hace falta abrir un libro de historia clásica o, simplemente, darse una vuelta por el museo del Prado y observar sus esculturas griegas, allí podemos ver cuerpos perfectos como el Diadúmeno de Policleto, un hombre perfecto y en la sala contigua la Venus del Delfín, según el canon helenístico de la belleza femenina.

A partir de la observación de estas dos esculturas, el paleontólogo Juan Luis Arsuaga en su último libro “Nuestro cuerpo. 7 millones de años de evolución”, aprecia diferencias entre ambos, se pregunta por su significado y nos dice que, también en ese afán por lograr la perfección, los clásicos cincelaron músculos que en el caso del hombre en una anatomía real no existen. Pero en lo que más pone el énfasis es en desentrañar esa máquina perfecta que como dice el mismo autor: “la evolución ha sido la gran escultora de cuerpos, todos ellos bellos, todos ellos perfectos y explica que es un prodigio de ingeniería biológica”.

Eso es algo que muchas veces olvidamos y que, quizás por buscar la ilusión de una belleza que puede resultar quimérica, pongamos en riesgo nuestra vida y la salud. Evidentemente siempre podremos mejorar, moldear, superarnos, pero no seamos tan ilusos de querer alcanzar algo que nos lleve a perder lo verdaderamente esencial.