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Cuidado con el ayuno intermitente

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La prestigiosa revista científica ‘Nature’, ya en 2022, plasmó las situaciones donde no se debería recomendar el ayuno intermitente con fines terapéuticos: en niños y/o adolescentes, mujeres embarazadas o lactantes, personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, personas con un índice de masa corporal por debajo de 19 kg/m2 y, finalmente, personas mayores de 70 años, por el riesgo de pérdida de masa muscular, problemas de deshidratación y/o predisposición a sufrir hipoglucemias o síncopes.

La Dra. Isabel Viña Bas, especialista en Endocrinología y Nutrición, explica que el ayuno intermitente puede llevar a la hiperatención e, incluso, a las conductas obsesivas con la comida y que, a la larga, pueden dar lugar a trastornos de la conducta alimentaria. No decimos que le suceda a todo el mundo, pero es una posibilidad que se debería tener en cuenta y más en personas con antecedentes de estos trastornos. El ayuno puede ser una estrategia para algunas personas, pero es mejor el ejercicio físico y la suplementación.

¿En qué consiste?

El ayuno intermitente es un modo de alimentación que alterna fases de ayuno y de ingesta de alimentos. La mayoría de las personas se refieren al ayuno intermitente como un patrón de alimentación que extiende la duración del ayuno, es decir, cuando los alimentos de la comida anterior han sido absorbidos y procesados. La alimentación con tiempo restringido es un enfoque popular y se utiliza comúnmente con un patrón de 16:8, es decir, un ayuno de 16 horas y un período de alimentación de 8 horas. Esto normalmente se consigue omitiendo o retrasando el desayuno, pero también puedes cenar más temprano en el día. Otros protocolos de ayuno intermitente incluyen: la dieta 5:2 (consumo de sólo 500 kcal dos días por semana) o el ayuno en días alternos.

Contra el envejecimiento celular

Entendemos el envejecimiento celular como la pérdida de función, a todos los niveles, porque se acumulan radicales libres (sustancias de desecho) que van dañando nuestras células y, especialmente, las mitocondrias (nuestras fábricas de energía). En las mitocondrias las células respiran. Con el envejecimiento se acumulan de suciedad y van destruyendo nuestro material genético. En definitiva, con el paso del tiempo, los mecanismos de reparación se ven afectados y disminuidos.

Para ralentizar el envejecimiento celular, atenuar y evitar los daños es más recomendable crear más fábricas de producción de energía, es decir, nuevas mitocondrias; reparar los daños producidos en las células; y, por supuesto, eliminar aquello que no se puede reparar a través del proceso de autofagia. La autofagia es un proceso dónde los macrófagos, las células encargadas de limpiar la ‘basura celular’ se comen a esas células que no se han podido reparar. Y es aquí donde puede entrar en juego el ayuno intermitente, uno de los diferentes mecanismos capaces de promover esa autofagia. Eso sí, no es el único mecanismo existente, existen otros muchos (y saludables), como el ejercicio físico, que crea nuevas mitocondrias. Se recomienda, sobre todo, la combinación de cardio y fuerza, el tándem perfecto para envejecer saludablemente.